Zidane culpa a Florentino Pérez.

En el vigésimo aniversario de su llegada al Real Madrid, el hombre bandera del presidente blanco carga contra la dirección del club en su salida del banquillo: “No siento la confianza. Solo pedía memoria”

Una servilleta entregada por Florentino Pérez a Zinedine Zidane hace dos décadas acercó al entonces futbolista de la Juventus al Real Madrid para convertirlo en su gran referente. En 2021, una carta abrió una brecha entre ambos. Solo el tiempo dirá de qué dimensiones.

A principios de siglo, al francés le bastó con un “oui” (sí) cuando el presidente le preguntó a hurtadillas en una gala en Mónaco si quería jugar en el Bernabéu. Esta vez, el técnico necesitó de una detallada misiva para explicar por qué había dejado el banquillo blanco cuando todavía le quedaba un año de contrato. El escrito, publicado en el diario AS, fue un misil al corazón de la cúpula merengue. El francés arremetió con dureza contra el club y, por extensión, contra su máximo dirigente, a pesar de mezclar los dardos con algunas palabras de agradecimiento al “presi”. Las acusaciones no escatimaron argumentos. El Zizou lacónico de las comparecencias públicas se desató bolígrafo en mano. Un cabezazo a la cúspide.

El entrenador acusó a la institución de falta de “memoria, confianza y apoyo para construir algo a medio y largo plazo”; de “filtraciones interesadas” a los medios de que lo iban a despedir si no ganaba el siguiente partido; y de que le llegaran a reprochar la red de relaciones humanas que había tejido en el vestuario. Pocos se libraron de sus ataques, tampoco la prensa, a la que criticó por buscar únicamente la polémica. Solo los aficionados y sus futbolistas salieron bien parados. “Menos mal que tenía a unos chicos maravillosos que estaban a muerte conmigo. Cuando la cosa se ponía fea, me salvaban con grandiosas victorias”, valoró Zizou en otra defensa más de la caseta.

La carta fue como ponerle letra a la recordada rueda de prensa de principios de febrero, previa al encuentro en Huesca (1-2), y que actuó de palanca en el equipo, que ya no volvió a perder en Liga (13 victorias y cinco empates). A 10 puntos del Atlético y tras superar la covid, ZZ volvió a escena y explotó. “Decidme a la cara: ‘Te queremos cambiar’, no solo por detrás. Dejadnos pelear. El año pasado la Liga la ganamos nosotros. El que viene seguro que hay que cambiar cosas. Pero este dejadnos”. Aquel grito lo dirigió a los periodistas, pero el escrito de este lunes amplió en diferido los destinatarios de esa queja.

Por la dureza del mensaje y la trascendencia de quien lo lanzó, hay que rebobinar mucho para encontrar un ataque de estas dimensiones contra Florentino Pérez desde el tuétano de la entidad. De todas las estrellas que ha fichado el presidente desde 2000, nadie ha representado para él más que Zidane: por su valor futbolístico, los éxitos en el banquillo y los dos momentos en los que el francés asumió la dirección técnica. En ambas ocasiones, en 2016 y 2019, con sendas crisis deportivas que afectaban también a lo institucional. Y en las dos revirtió la situación en el campo, sobre todo en la primera con tres Champions seguidas, pero también por el efecto calmante que supuso su aparición. Solo su presencia anestesió la atmósfera y sirvió de muleta al presidente.

La sombra del despido

Subrayado el agradecimiento inicial al “presi” por apostar por él en 2001 cuando, según puntualizó, “había cierta gente en contra”, el resto del contenido se convirtió en un pliego de acusaciones. “Me hubiera gustado que en los últimos meses mi relación con el club y con el presidente hubiera sido un poquito diferente a la de otros entrenadores. No pedía privilegios, sino un poco más de memoria. Me dolía muchísimo cuando leía en la prensa, después de una derrota, que me iban a echar si no ganaba el siguiente partido. Estos mensajes filtrados intencionalmente creaban interferencias negativas con la plantilla”, argumentó el entrenador.

En esta segunda etapa, al menos en dos ocasiones se agitó de forma seria la posibilidad de una destitución. La primera, en otoño de 2019, cuando se azuzó el nombre de Mourinho tras un flojo arranque en la Champions. Y la segunda, en 2020, ante el temor a no superar la fase de grupos de la Liga de Campeones, precipicio que esquivó y, cuando lo hizo, advirtió: “Nunca voy a ser el Ferguson del Madrid”. Fue todo cuanto dijo en ese trance. Pero no ahora en una queja que tiene mucho que ver con la habitual inestabilidad del banquillo blanco, hogar de 16 técnicos en las últimas dos décadas, 13 de ellos bajo la presidencia de Pérez. Al francés le hubiera gustado un trato diferente.

Durante gran parte del curso, un aspecto frecuente de falta de sintonía entre la dirección y el técnico fue la gestión de los jóvenes. Mientras el club había desembolsado mucho dinero en promesas como Vinicius, Rodrygo, Militão, Jovic y Brahim, el francés nunca dio señales de considerarlos prioritarios, más allá del rendimiento puntual de cada uno. La petición en enero de Odegaard de salir cedido, pese a haber sido reclamado por Zidane, agudizó esa brecha en plena crisis de resultados.

Al margen de la cuestión de los noveles, la gestión de la plantilla fue otro de los puntos de acusación. Siempre se consideró que esa era la gran virtud del técnico, sin embargo, ZZ aseguró en la carta que se convirtió en algo negativo a la vista de sus jefes. “Aquí se ha olvidado todo lo que he aportado en la relación con los jugadores. Soy un ganador nato, pero más allá están los seres humanos, las emociones, y tengo la sensación de que no se ha entendido que así también se mantiene la dinámica de un gran club. Incluso, se me ha reprochado”, afirmó.

“Me voy porque el club ya no me da la confianza y el apoyo para construir algo a medio o largo plazo”. El desahogo no tuvo respuesta pública. “Zizou tiene su derecho a hacer y decir lo que quiera”, dijeron desde el club.

EL TERCER ADIÓS, CON LAS NORMAS DEL TÉCNICO: CUÁNDO Y CÓMO QUISO
 Esta es la tercera vez que Zidane se marcha del Madrid con contrato en vigor, como jugador en 2006 y como técnico en 2018 y ahora, pero en la carta dejó muy claro que esta ocasión es diferente. “No me tiro del barco ni estoy cansado de entrenar. En mayo del 2018 me fui porque después de dos años y medio con tantos trofeos sentía que el equipo necesitaba un nuevo discurso para mantenerse en lo más alto. Hoy las cosas son diferentes”, puntualizó el francés. Una diferencia que no solo expresó de palabra, sino con los gestos.
 A diferencia de sus otras despedidas, esta vez ZZ no compareció ante la prensa ni en ninguna plataforma oficial del club para explicar su marcha. Lo hizo a su manera: se conoció su partida cuando él quiso al comunicárselo a la plantilla el pasado martes, y expuso sus razones cuándo y dónde ha deseado. Seguramente, porque le hubiera resultado imposible desgranar este pliego de acusaciones en una comparecencia conjunta con el presidente u otro miembro del club.
 Y tampoco quiso decir adiós sin dedicar un andanada final a la prensa. En los últimos meses, cuando el runrún sobre su futuro era creciente y él mismo lo alimentaba con evasivas, a los periodistas les afeó en varias ocasiones que no le preguntaran de fútbol, aunque, cuando lo hacían, sus respuestas resultaban igual de vagas que sobre su continuidad. No obstante, en el remache de la carta insistió: “Me hubiera gustado que las preguntas no fueran siempre dirigidas hacia la polémica, que hubiéramos charlado más de la pelota y, ante todo, de los jugadores”.


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